Los humanos nos
movemos por pasiones. Son estas las que nos incitan a accionar, a mover, a
mudarnos, a trabajar, a amar, a disfrutar... en fin. Una persona puede carecer
de pasión, como el protagonista de la ya mencionada novela El Extranjero, de Camus. Meursault es un desapasionado, un ser
antisocial mas no un rebelde, pues carece de la conciencia de la inconformidad.
Su descompromiso lo lleva a cometer un crimen absurdo; su extranjeridad –si se
me permite el neologismo– de la vida, lo lleva a su propio exterminio. Pero el
centro está puesto, precisamente, en esa carencia. Lo raro en él es su
sinceridad; pero la sociedad, al parecer, no tolera esa sinceridad. El no llora
en el velorio de su madre porque no siente esa muerte.
Este hecho, y no tanto
su crimen, es lo que lo termina condenando (de todos modos, lo mejor es ir a la
novela y leerla. Privarse de eso, es como privarse de comer naranjas mirando el
río cuando explota la primavera).
Del libro Escritura Creativa. Guía de Indagación y
práctica literaria / Nerio Tello
Imagen: Gitana de la naranja. Julio Romero de Torres





